Archivo por días: 20 marzo, 2012

EE.UU. crea nueva generación de ciberarmas

El Pentágono está acelerando los esfuerzos para desarrollar una nueva generación de ciberarmas capaces de interrumpir las redes militares del enemigo aún cuando esas redes no estén conectadas a internet, según actuales y ex oficiales estadounidenses.

La posibilidad de un enfrentamiento con Irán o Siria ha destacado para los planificadores militares estadounidenses el valor de las ciberarmas que pueden ser utilizadas en contra de un enemigo cuyos objetivos más importantes, tales como los sistemas de defensa aérea, no dependen de redes basadas en internet. Pero adaptar tales ciberarmas puede tomar meses o hasta años de arduo trabajo técnico.

Cuando los planificadores militares de EE. UU. estaban buscando maneras de incapacitar el sistema de defensa aérea de Libia antes de los ataques de la OTAN el año pasado, ellos discutieron utilizar la cibertecnología. Pero la idea fue rápidamente descartada debido a que ninguna opción efectiva estaba disponible, dijeron actuales y ex funcionarios de EE. UU.

Ellos estimaron que la elaboración de una ciberarma habría tomado alrededor de un año, incluyendo el tiempo necesario para evaluar vulnerabilidades en el sistema de objetivos.

“No estábamos listos para eso en Libia”, expresó un ex oficial de EE. UU., quien habó en condición de anonimato debido a la sensibilidad de las discusiones. “Ni tampoco estamos listo para eso ahora”.

Fuente The Washington Post, traduccido por Ivana Cardinale para Patria Grande

Tomado de Mesa Redonda


Confesión estrictamente personal

Por Luis Toledo Sande

Ni intentaré que esta nota aparezca en lo que pueda considerarse un órgano cubano. Los enemigos de Cuba, y del afán socialista mantenido en ella, manipulan aviesamente la idea de que todo lo que se publique aquí tiene carácter oficial y, por tanto, ha sido dictado o permitido por sus instituciones políticas. Si un ciudadano de Marte se expresara, emitiría nada más la opinión de un marciano, o de un ser sin gentilicio; pero lo dicho por alguien de Cuba los medios dominantes lo presentan como una declaración de este país o una manifestación contra su gobierno. En la más “neutral” de las interpretaciones hechas con semejante rasero, se diría que eso es lo que piensan los cubanos. Pero el presente artículo es una confesión estrictamente personal.

Entre las cosas que más claramente pueden verse en estos días, una sobresale: si a alguien preocupa o molesta la visita del papa Benedicto XVI a Cuba es a los enemigos de la Revolución Cubana, no a las autoridades de este país, que con visible resolución lo acogerán, y promueven que se le reciba no solo con el debido respeto, sino incluso con afecto. A la vista está, construido al pie del monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución que lleva su nombre, una arcada temporal que, además de mostrar respeto al visitante, lo protegerá del fuerte sol caribeño, que ya a las 9 de la mañana provocará por estas fechas, y casi en todo el año, lo que los campesinos cubanos decían —o tal vez aún digan— que equivale a “ver a Dios por la boca de un güiro”. Es una expresión que, aparte de no representar falta de respeto, sugiere recordar algo que Antonio Machado puso en boca de Juan de Mairena, quien se refiere a un sitio donde lo popular es el ateísmo, pero hace una generalización en la cual este se ve desbordado: “La blasfemia forma parte de la religión popular. Desconfiad de un pueblo donde no se blasfema”.

Dejemos a un lado el llamamiento a sentir afecto, opción que debe decidir cada quien según su conciencia y sus nociones manden, y que en este caso se solicita para agasajar al representante máximo de un credo religioso y jefe de un Estado tan terrenal como cualquier otro, no sencillamente a un octogenario. Esa edad la han alcanzado y alcanzarán personas de muy diversas cualidades: algunos, digamos, habrán tenido propensiones fascistas en la juventud; y hay quienes llegan a la vejez encarnando el fascismo y otras formas de lo peor. Concentrémonos, pues, en el respeto que instituciones cubanas rectoras piden para el papa. Sin detenernos a considerar que tratamientos como Santo Padre, Su Santidad y Sumo Pontífice, y Santa Sede, se sienten naturales en los seguidores de la fe correspondiente, o cuando se emplean por razones de Estado, resulta ostensible que ese respeto no lo observan algunos de los enemigos de la Revolución Cubana que se supeditan al gobierno de los Estados Unidos. No los ha cegado Dios, cree un ateo: se han cegado a sí mismos.

Si Cuba se negara a recibir al jefe del Vaticano y magno representante institucional de la fe católica, sería acusada de sectarismo atroz. Daría lugar a que se reclamasen contra ella las condenas “morales” y acciones prácticas no orquestadas contra el jefe de un imperio que emplea el crédito del Premio Nobel de la Paz para desencadenar guerras genocidas. Quienes promoverían o promueven acciones anticubanas, ¿condenan acaso al gobierno que en Chile —donde aún resopla el fantasma de un monstruo octogenario transfigurado de cruel dictador en Senador Vitalicio— reprime brutalmente manifestaciones estudiantiles mientras en Cuba los preparativos de la visita del papa denotan incluso tonos de cordialidad que llegan a lo festivo?

Esos son detalles para meditar, y también cabe pensar en otras dimensiones de la realidad asociada a la visita del papa. El mismo editorial con que el pasado 12 de marzo el diario Granma recordó la que hizo Juan Pablo II catorce años atrás, adelantó que “el pueblo cubano recibirá el próximo lunes 26 de marzo, con afecto y respeto, al papa Benedicto XVI, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano”, y precisó otros hechos.

El editorial apuntó asimismo que “Su Santidad conocerá a un pueblo seguro en sus convicciones, noble, instruido, ecuánime y organizado, que defiende la verdad y escucha con respeto”. En las convicciones del pueblo cubano, como en las del conjunto de la humanidad, las hay muy diversas en cuanto a creencias religiosas, haciendo honor no pocas veces al “todo mezclado” que cantó Nicolás Guillén. Incluso algunos compatriotas, defensores de la Revolución y vinculados a credos como el que profesó el digno estadounidense Lucius Walker, pueden no ver con agrado —o ya lo hacen saber de algún modo— la relevancia dada al representante de una religión en particular: en este caso, la de una jerarquía que ha mantenido como patrimonio propio el vocablo católico, marcado etimológicamente por su equivalencia a universal; y dio por sentado que ella representa a la Iglesia, mientras los demás creyentes cristianos debían resignarse a formar sectas.

Pudiera pensarse que todo eso quedó en el pasado, pero algunas evidencias sugieren lo contrario. Al día siguiente de publicado el editorial de Granma, compareció ante la televisión cubana el cardenal Jaime Ortega Alamino, de quien algo hay que no podrá ignorarse ni minimizarse: su condición de representante de la Iglesia Católica. Como al escribir esta nota no he hallado una edición de sus palabras autorizada por él o por la institución a la que da voz, prefiero citarlo de memoria, con absoluta voluntad de honradez.

Durante cerca de media hora Ortega Alamino expuso su visión sobre la visita del papa, quien —dijo— vendrá a reevangelizarnos, como peregrino de la caridad, cuando se celebran, puntualicemos, los cuatrocientos años del hallazgo de la estatuilla identificada como imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de todos los cubanos, quienes la asumen de acuerdo con sus convicciones personales, ateísmo incluido. Pero Ortega puede hablar en nombre de quienes honrada y sinceramente profesan la fe católica y necesitan o desean ser ratificados en ella. No representa a la totalidad de un pueblo de firmes convicciones, de religiosidad diversa y, al parecer, no caracterizado precisamente por abrazar en su mayoría el catolicismo en términos de ortodoxia. Por tono y contexto, el mensaje del cardenal podría entenderse como alusivo a una reconquista de Cuba por vía evangélica.

Según el cardenal cubano, el papa viene a cumplir el mandato de Jesús a Simón/Pedro: “Apacienta a mis ovejas”. Si se recibe esa parábola en el sentido bíblico, traducible libremente como “nutre a mis seguidores con la fe que defiendo”, habrá un gran número de hijos e hijas de Cuba que no esperarán ni recibirán para sí la prédica del ilustre visitante. Otra cosa es cultivar valores éticos y espirituales que abrazan y necesitan abrazar como convicción propia seres humanos de diferentes creencias, o ateos —no creyentes son las piedras—, y que de distintas maneras están en el núcleo de las aspiraciones gracias a las cuales diversas religiones han ganado adeptos y seguidores. No se habla aquí ni de extremos ni de fanatismos de ninguna índole, con posible presencia también en las concepciones ateas. Para ahorrar comentarios, remito a “Espiritualidad vs. pragmatismo y otras yerbas afines”, onceno artículo de la serie “Detalles en el órgano”, que apareció en Cubarte y reprodujeron Rebelión y otras publicaciones.

No toda la población cubana debe considerarse —no lo es— parte del rebaño que puede el papa apacentar. Por cierto, el eco fonético por el que apacienta pudiera hacer que se pensara en paciencia, no es lo más asociable a los afanes de un pueblo urgido de cambios que debe acometer y cumplir soberanamente, con impaciencia si es preciso, y sin perder su camino de nación aplicada a lograr la justicia social que aún no ha conseguido comarca humana alguna. Y, si de paz se tratase, esa es una voluntad que el pueblo cubano abraza con la pasión con que la cultivó el José Martí, quien, sobre todo desde el espíritu de la patria, no solo desde el mármol de la Plaza de la Revolución, sigue enseñando a amar la paz sin ignorar cuán ineludible puede resultar la guerra necesaria para defender libertad, dignidad, justicia.

El cardenal Ortega, según sus propias palabras, parece sentirse representante de “la gran civilización occidental”, creada —dice— por la mezcla de fe y razón. Habría que ver el papel que junto a estas desempeñaron en la fragua de dicha civilización otros recursos menudos, como la esclavitud y el capitalismo, que llega a nuestros días y ha encontrado formas de esclavizar por vía económica a una inmensa cifra de los que también podrían llamarse “ciervos de Dios”, y que aspiran a no ser siervos de nadie. ¿Forma parte nuestra América de la gran civilización occidental, como la han llamado sus ideólogos y otros repiten? Apúntese apenas con esta pregunta un tema que da para tratados.

A Ortega lo preocupa —con razón, y con su fe— que el sentirse dueño de una verdad absoluta conduzca a los tortuosos e indeseables caminos del totalitarismo. Hombre inteligente e instruido, sabrá bien hasta qué punto los totalitarios imperios conquistadores y esclavistas pusieron de su lado a las jerarquías religiosas. Pero ¡qué difícil es zafarse de la idea de que la idea que uno defiende es la Idea! Según el cardenal, el exprofesor de teología y actual papa no es solamente un sabio y el representante mayor, Sumo Pontífice, de la Iglesia Católica: es también el guardián de la verdad.

Está bien que lo diga como representante de la verdad que —aceptémoslo— el papa representa, no de la verdad humana en su conjunto, o verdades humanas. Pero la forma como quedó en el aire lo dicho por el eminente prelado, hizo a este articulista recordar lo que sostuvo en un acto público, en un país de nuestra América, un obispo de la misma religión que Ortega: al mundo le urge establecer algo así como un reino del bien que ponga a todas las naciones bajo el mando de la Iglesia Católica. Por semejante senda, el papa vendría a ser un emperador divino. Afortunadamente, ni eso parece ya posible a estas alturas, y es de suponer que tal ambición no sea atribuible ni al cardenal cubano ni al papa cuyo viaje a Cuba es ya inminente.

Ejerzo el derecho —que a nadie ha de ocurrírsele negarme— y el deber de expresar estas ideas en un artículo que no intenta agotar el tema ni, mucho menos, decir la última palabra. No estaría bien propiciar que los enemigos de la Revolución Cubana, ni —mucho menos aún— posibles amigos de esta desorientados en la distancia por la tenaz campaña desinformativa y calumniosa contra Cuba, hallen razones para pensar que este país se ha convertido en un rebaño a la espera de que el papa venga a apacentarlo evangélicamente, a recuperarlo ideológicamente para su vuelta a rediles de los que se había extraviado. Y si nuestros enemigos podrían manipularlo, nuestros amigos confundidos pudieran malentender el entusiasmo afectuoso con que los integrantes del pueblo cubano —tengan el creo religioso que tengan, o sean ateos— se preparan para recibir al papa.

En especial, a los enemigos les complacería manipular tanto el oficialismo que con razón o sin ella endilgan a todo cuanto se hace y se dice en Cuba —atribución que a menudo conviene a los intereses del Imperio y sus servidores— como lo que algunos consideran que es la mezcla de sentimentalidad latina y embullo caribeño afincada en el comportamiento del pueblo cubano. Los afanes de malvada manipulación pueden además hallar un asidero en la imagen de unanimidad mal entendida, o falsa, contra la cual se ha pronunciado fundadamente la dirección del país.

Ese pronunciamiento forma parte de la convocatoria a lograr cambios de mentalidad necesarios, que no implican hacer en el terreno del pensamiento, de la ideología, lo que en la lengua popular cubana significa cambiar de palo pa rumba, ni dar carta de crédito a una tendencia que se nos atribuye, como otras se dan por válidas para caracterizar tópicamente a otros pueblos: o no llegamos, o nos pasamos. Ciertos lugares comunes merecen estrellarse, y merecemos hacer que se estrellen, contra la realidad de un pueblo que llegó al triunfo de una Revolución justiciera llamada a perfeccionarse para garantizar la permanencia de sus logros.

Contra esos logros se erigen muchos obstáculos. Entre los externos ninguno es más poderoso y criminal que el bloqueo con que durante más de medio siglo el gobierno de los Estados Unidos ha intentado asfixiar a la Revolución, causando penurias al pueblo que la ha hecho y defendido. Tal realidad no puede pasar inadvertida para personas honradas ni para instituciones sensatas en el planeta. El bloqueo lo repudió Juan Pablo II —quien también promovió autocríticas de su iglesia por excesos cometidos en siglos anteriores— y lo ha desaprobado recientemente, una vez más, la institución llamada Santa Sede.

Portavoz del Vaticano, el sacerdote Federico Lombardi acaba de declarar, según una noticia ampliamente difundida en Cuba, lo siguiente: “La Santa Sede considera que el embargo es algo que hace que las personas sufran las consecuencias. No logra el objetivo de un bien mayor”. Esa declaración pudiera servir para que el papa se sienta libre de la necesidad de condenar el bloqueo durante su visita a Cuba. Así conseguiría el “equilibrio”, la “equidistancia” necesaria para no tener que reaccionar frente a grupúsculos que, sirviendo al gobierno de los Estados Unidos, han intentado crear disturbios para afear el ambiente de cordialidad que las autoridades del país anfitrión y las vaticanas han procurado, y seguramente conseguirán, para la visita del papa.

Aun así, las palabras de Lombardi merecen un mínimo detenimiento. Está claro que el bloqueo —lo llama embargo, en lo cual coincide, por lo menos a nivel de lenguaje, con el gobierno estadounidense y con la prensa que le sirve a este— “hace que las personas sufran las consecuencias”. También las sufren el gobierno cubano y las organizaciones que con él comparten la responsabilidad de mantener la marcha justiciera de la Revolución contra la cual se mantiene el bloqueo imperialista. Pero eso tal vez no sea lo más significativo de lo dicho —según la noticia— por Lombardi, quien asegura que el embargo, o sea, el bloqueo, “no logra el objetivo de un bien mayor”. ¿Es que acaso el funcionario del Vaticano cree que el bloqueo tiene “el objetivo de un bien mayor” para Cuba? ¿Pensará que busca otra cosa fuera de reuncirla como rebaño manso a los designios del imperio? ¡Aparten de nosotros ese cáliz!

Vienen a la memoria unos apuntes de José Martí motivados por el anuncio de visita a América del papa León XIII, cuya ejecutoria al frente del Vaticano hace recordar la gestión de Juan Pablo II y otros representantes de esa jerarquía, entre ellos el hoy Benedicto XVI, en el intento de frenar los ímpetus de la teología de la liberación. Los tiempos han cambiado de Martí para acá, pero no tanto como para que el mundo sea otro: otro sí es el mundo posible que la humanidad necesita para poder seguir viviendo y llegar a ser plenamente digna, lo que será imposible si no triunfa en la tierra la cordialidad que asegure a las verdades una multilateral, justa y eficaz defensa, no necesariamente desde sitios suntuosos.

Los aludidos apuntes de Martí, identificado con el sentido ético y la voluntad de sacrificio del cristianismo originario, se leen en el tomo 19 de sus Obras completas hoy vigentes, las mismas que en el 14 y en el 15 contienen crónicas donde él abordó y repudió asuntos como los rejuegos políticos del Vaticano con potencias europeas. El autor de esos textos, y de tantos otros, tuvo una religiosidad personalísima, se solidarizó con sacerdotes que hacían causa común con los pobres y en general con la justicia —por lo que alguno de ellos sufrió la reprimenda de su jerarquía— y veneró al fundador sacerdote católico Félix Varela, como por propia convicción ha hecho históricamente el pueblo cubano.

Al comentar en aquellos apuntes el anuncio de visita a América del entonces jefe del Vaticano, Martí estampó criterios que también se deben tener presentes. “La Iglesia es astuta”, escribió, por ejemplo, refiriéndose a los manejos de esta para adaptarse y seguir influyendo entre las viejas y nuevas clases dominantes, o en pugna por serlo, y añadió: “para vencerla en esta astuta actitud no basta probar que erró en otros tiempos, de que ella con gran sabiduría no parece ahora querer acordarse,—sino que yerra en lo que ahora dice”, y punteó argumentos al respecto.

Quede la referencia a Martí no para empañar en modo alguno —ni hacerlo estaría al alcance de un simple artículo— el buen ambiente que debe caracterizar la estancia de Benedicto XVI en Cuba, una estancia que, dato nada baladí, desde que se anunció ha producido rabia y hasta intemperancia en enemigos de la Revolución Cubana. Los seres humanos deseosos de que triunfen la justicia y la decencia deben marchar juntos, sin vendas de ningún tipo, y sin renunciar a lo que el propio Martí llamó, y así lo personificó, el ejercicio del criterio. ¡Amén!

Blog del autor: http://luistoledosande.wordpress.com/2012/03/18/confesion-estrictamente-personal/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Imagen agregada RCBáez

Venezuela: Poética del Voto

Por Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Fundación Federico Engels/Universidad de la Filosofía

Nadie debe creer que sólo con votos se transforma el mundo. Como si fuese magia, como si fuesen dioses. Nadie ha de pensar que la “democracia” representativa burguesa, adicta a la corrupción, resolverá los estragos del saqueo y la explotación, la amargura de las personas, su dolor, sus desesperaciones. ¿Dónde se ha visto? Nadie en su sano juicio ha de esperar que la realidad cambie sin derrotar al capitalismo. Nadie en su sano juicio ha de suponer que cambiaremos al mundo sin construir el socialismo. Científico, claro. Una y otra vez la democracia de los burgueses traiciona los votos. No hay razón para tenerle confianza, para tener ilusiones. Una y otra vez la confianza de los pueblos se llevó una bofetada, una desilusión y una tanda de palos con muertos venidos de las manos de quienes se llevaron los votos y las esperanzas. No cometamos los mismos errores. Contemos con el ejemplo de Venezuela. No es lo mismo votar en el contexto de un proceso revolucionario, desde abajo, que votar en el contexto del fraude consuetudinario… Estas elecciones son una operación de envergadura mayor concerniente a la transición revolucionaria a su expresión margen de todo control imperial y contra la omnipotencia de la explotación y el saqueo… por suerte contamos con Venezuela.

Vienen las elecciones venezolanas a lomos de la Historia, a todo galope, vienen con su ejemplo decisivo y urgente, ratificación de la clase trabajadora, del campo y la ciudad, protagonista clave de la revolución. Ratificación del rumbo a favor del socialismo. Vienen las elecciones, ya se avizoran, con su deseo ardiente de impulsar su revolución hacia delante. Poesía pura que se siente eléctrica desde abajo.

Vienen las elecciones damas y caballeros, a favor de la revolución dentro de la revolución. Vienen las elecciones inflamadas de interés en las ideas del socialismo y el ambiente general revolucionario y militante de la base. Vienen las elecciones con un empuje inédito, sin deprimirse y bien peinadas… nadie se equivoque. Se trata de una manifestación magnífica, una oportunidad para luchar abiertamente por el socialismo. El futuro con pasión venezolana que baila su rumba de control obrero…cogestión, pué. Como uno se cansa de vivir desterrado de su propio voto se avecina la hora de ratificar en la revolución verdadera de Venezuela ese destino que lo pueblos acunan, de mil maneras, incluida la del voto contra toda realidad alienada de barbarie y explotación.

Este voto será un rito de la revolución como travesía terrena, rito siempre nuevo, como el sol de la revolución venezolana. El voto será un rito de confirmación que por su naturaleza volcánica y luciferina, no puede desligarse del socialismo científico que nos embelesa, el voto vendrá del ejercicio de la libertad y el ejercicio de la revolución para el derrocamiento absoluto de toda forma de alienación, saqueo y explotación y para la construcción de una sociedad, vida, amores y relaciones humanas nuevas… Y este es definitivamente el sentido primero y último que entraña la revolución permanente… conjugar el socialismo siempre en verbo futuro, tenerlo a la mano como la más alta y brillante estrella de la mañana.

Es un poema fenomenal que entusiasma, que florece en preguntas, movilizaciones, debates… que servirá para ilustrarnos sobre la inteligencia de los trabajadores. Nadie se engañe, todos sabemos de los peligros internacionales que acechan a la Revolución Bolivariana además del riesgo de tendencias burocráticas, la corrupción y el peligro de enfrentar a un grupo de trabajadores contra otro. Pero allá en Venezuela saben muy bien los trabajadores que tienen la capacidad de dirigir y mejorar efectivamente la administración, la producción industrial, de dirigir su revolución madurarla solidariamente. Eso es el corazón de una revolución. Vienen las elecciones y los trabajadores quieren demostrar que pueden dirigir la industria sin capitalistas. Vienen las elecciones y nadie quiere la revolución a medias.

El voto hablará del mundo entero de las resonancias del corazón de la Revolución percutido por el alma de Venezuela, el alma de todos los trabajadores, el alma en los ojos y en las manos… el alma en el dedo índice que dirá con su voto hacia dónde han de ir las relaciones económicas y políticas, la historia contemporánea, la batalla de las ideas, la lucha anti-imperialista y la Revolución Bonita. Hay que ganar las elecciones con Venezuela, ganarlas entre todos para legitimar, del dicho al hecho, el avance Revolucionario del socialismo, en Venezuela y en el mundo entero. Serán mucho más que 10 millones de votos. Ni lo duden.

Estas elecciones serán un paso más contra el poder económico de la oligarquía para expropiar a la oligarquía e introducir la economía socialista planificada. Estas elecciones serán un paso más para resolver los problemas de la población venezolana. No serán milagrosas, no resolverán todo, son una ratificación necesaria y una reiteración tumultuosa de las esperanzas que ven realizaciones. Armadas con las cifras necesarias, los trabajadores caminaran hacia el futuro para demostrarnos que han aprendido cuál es su situación verdadera.

El paso siguiente es previsible. Los trabajadores celebrarán masivamente y batirán el récord de votación en cantidad de votos y con calidad de ideas. Será una gran victoria para los trabajadores y será ratificación de la señal para que muchos otros trabajadores, de Venezuela y del mundo, sigamos ese ejemplo. Demostrarán que el control obrero sólo podría desarrollarse seriamente si se nacionalizan las fuentes de trabajo con un programa claro y socialista en pleno siglo XXI, contra todo lo que haga peligrar sus triunfos. Las elecciones serán fundamentales en la lucha contra el Capitalismo, privado o de estado. No son unas elecciones cualquiera, estas elecciones tienen por base suprema la Revolución Bolivariana que si bien es indispensable perfeccionarla con ideas científicas, hace una diferencia monumental, es su matriz y su fuerza. Eso las hace distintas, especiales, nadie se equivoque. Las elecciones profundizarán los cambios no sólo para avanzar en el control obrero, también para elevar la discusión política, filosófica e ideológica sobre el rumbo hacia donde queremos, podemos o debemos ir. ¿No es eso hermoso?

Combatamos la indiferencia al voto revolucionario en todas sus formas; al juego irresponsable de la distracción, la palabrería abstencionista erudita, la especulación pura; no tengamos algo en común, con los pequeños y grandes burgueses y su espíritu plagado con todas las cobardías, todas las abdicaciones, todas las traiciones posibles… no nos impedirán que ratifiquemos el rumbo de la revolución a cambio bagatelas y derrota.

Estas elecciones probarán cómo los revolucionarios ejercen su voz, su voto y su movilización, cuál es su participación real y cómo se erigen en protagonistas verdaderos. Como, los venezolanos, luchan por el cambio a pesar de los pesares, contra todo tipo de frenos y obstáculos, contra la oligarquía y contra la burocracia. Estas elecciones serán también un paso más contra la burocracia, la corrupción y el arribismo. Contra todo lo que dentro y fuera intenta frenar el avance del socialismo y la conciencia de los trabajadores que son profundamente críticos y cada día más activos. Estas elecciones fortalecerán la columna vertebral de la revolución para que la clase trabajadora dirija no sólo las empresas, sino también la sociedad y el estado todo. Fortalecerá la dirección de los trabajadores en una economía socialista planificada basada en la nacionalización de la tierra, los bancos y las grandes empresas. Para eso servirán las elecciones, para elevar la calidad del voto y todo lo que eso exige como movilización concreta.

Las elecciones nacerán de los talleres, las reuniones, en cada sección de la fábrica… nacerán de un debate en la casa, en las escuelas, en las oficinas… ideas para llevar a la práctica el entusiasmo y la urgencia de futuro. Estas elecciones nacerán del impulso paciente de los movimientos revolucionarios de la clase trabajadora venezolana, con el perfume emocionado del carachazo heroico en febrero de 1989, pasando por las victorias extraordinarias del presidente Chávez, las derrotas propinadas a la oligarquía en abril de 2002 y el triunfo ejemplar contra la huelga patronal contrarrevolucionaria, este voto es el voto que triunfó en el referéndum y ahora insistirá en su rumbo hacia le socialismo…

Estas elecciones venezolanas sabrán a gloria. Se verán las caras de los trabajadores, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, orgullosos de su revolución y sus convicciones en plena acción, con su mirada alegre y decidida que es la única garantía de que esta revolución no tiene retorno, nada es comparable con esto. Estas elecciones ayudarán a hombres y mujeres a pensar y actuar como individuos libres, no como esclavos. Trabajadores capaces de luchar e instaurar medidas anti-burocráticas, como el derecho de revocación, la limitación de los salarios de todos los funcionarios, la inspección de gastos, etc., y el “socialismo científico del siglo XXI”

La revolución avanza, “El problema de la burocracia, la corrupción y el arribismo es el centro de la ecuación. Estas son las herramientas utilizadas por la contrarrevolución para detener la revolución en su camino. La oligarquía y el imperialismo están intentando encontrar puntos de apoyo dentro del movimiento bolivariano, luchan por introducir un caballo de Troya en sus filas para poder acabar con sus defensas. La lucha por el poder en Venezuela se decidirá en la lucha de tendencias opuestas dentro del movimiento bolivariano que, en última instancia, reflejan la lucha de oposición y de intereses de clase incompatibles entre sí.1″ La conciencia crece a pasos agigantados. Los trabajadores discuten el socialismo, luchan por el control obrero y el nacimiento de una cultura nueva con valores nuevos, solidarios y socialistas. Obtienen conclusiones muy avanzadas a partir de sus experiencias y sus necesidades. Se preparan para tomar el poder, no sólo en las fábricas, sino también tomar en sus manos la sociedad. Estas elecciones son un paso más.

No será mediante “campañas políticas” de cartón, llenas de declaraciones estereotipadas, que sea posible conseguir liberar toda la fuerza de los votos con su espíritu revolucionario y no será con palabrería que se liberará el hombre nuevo socialista y fraterno; por el contrario es sólo por la vía de la afirmación y de la ratificación, 10 millones de veces contundente, y más, que la fidelidad inquebrantable al socialismo con todos sus potencias de emancipación del espíritu y del hombre, habrá de impulsarnos, con aproximaciones sucesivas y dialécticas a la revolución permanente.

Estas elecciones son una batalla que nos llama y nos exige hacer nuestra parte solidaria, necesaria, hombro con hombro con los venezolanos más avanzados. Estas elecciones nos atraviesan y nos competen nadie puede hacerse tonto, mucho de nuestro destino depende de que sepamos estar junto a los trabajadores y campesinos en su lucha. Que sepamos estar con los revolucionarios verdaderos contra los reformistas, los burócratas y la quinta columna de la oligarquía. Poner todo de nuestra parte para que Venezuela sepa cuánto y como solidarizamos con sus avances y sus ideas rumbo al socialismo científico como arma que puede proporcionaros, a todos, dentro y fuera, las armas para llevar esta lucha a una conclusión victoriosa mundialmente. Con crítica fraternal, tras el ejemplo de Venezuela.

Se hablará para siempre de la alegría, franca, noble de Venezuela hoy… su condición esencial de alma revolucionaria que nos inspira e incentiva. Los votos ahora aguardan semblante apacible, aguardan ahora como noticia promisoria de que algo nuestro se levanta en el horizonte nuestro. Su voto será un nosotros. Y será nuestros padres con sus luchas saboreando esta hora suave salida del hogar. Su voto será los caminos venezolanos nuevos que llevan el corazón a galope. Su voto hablará latiendo en el corazón de los recuentos y los proyectos. Su voto camina con el amanecer y con el mar caribe para sanar nuestra orfandad con urnas repletas de pueblo hospitalario y enamorado. Su voto, señoras y señores, debe dolerle mucho al enemigo. Su voto es curativo.

Nuestra tarea es defender ala Revolución Bonita, día y noche, ayudarla a florecer y a expandirse, incluso nuestra tarea consiste en comprender, aunque nos cueste, la magnificencia poética de la revolución el poderío de sus verdades mejores, sus núcleos racionales y emocionales… la vida misma como poesía, nuestra tarea es desconfiar de cualquier modo burocrático o sectario de pensar, nuestra tarea es exaltar lo maravilloso de los votos en una democracia genuina, desde abajo, obrera y campesina socialista y fantástica que no es falsa, que está en marcha, que exige esfuerzos y que tiene futuro…

No hay en la Venezuela revolucionaria voto neófito y eso fascina al mundo, donde la luz y sombra, bien y mal, amor y odio, placer y dolor se identifican en un pensamiento socialista que ilustra de manera explícita las tesis de una revolución que aumenta su intensidad en los hechos para que cada mañana el reloj prodigue raudales de vida. Estos 10 millones de votos, al menos, traspasarán todas las barreras donde la vida se fuma una tregua terca y nos ofrece todos sus malabares de historia nueva, nunca antes vistos, en la nave de los locos que sueñan una revolución plena. Venezuela va ala vanguardia.

Votar ahora en Venezuela comporta una actividad conciente para transformar el mundo vinculada a la actividad de construir el socialismo científico del siglo XXI . Votos que son banderas de todos los problemas humanos, bajo todas sus formas, con las fuerzas de un proceso revolucionario que exige tiempo, ratificación, profundidad y ampliación. Que todos los revolucionarios preñados por el socialismo científico sepan ser inspiración de la poesía de propaganda, del lirismo de la lucha, de la época de los triunfos, poesía totalmente revolucionaria capaz de insuflar fuerzas confianza de sí, razón de sí y certeza de futuro. Negación de los determinantes históricos que frenan a la humanidad, defensa de la cultura revolucionaria, entrega sin reservas para que la revolución venezolana siga dando sus frutos. Venezuela va adelante.

La “política” vieja, la de las componendas criminales, aúlla en los anaqueles de la historia, no por su derroche de “buenos modales” sino porque hay un pueblo que pasó ser protagonista de su vida. El voto venezolano no es esa “mercancía” barata que prometen ancianamente los centristas a una multitud de espejos desvencijados por el caballo de Troya de la demagogia. De eso está plagado el mundo entero. El voto venezolano tomará indistintamente la forma de la revolución y nos hará mirarnos al espejo del mundo. El voto de Venezuela es de la humanidad entera y se halla en el fondo de nuestros bolsillos, en los peines y en las sábanas más blancas. El voto de los venezolanos abre la puerta siguiente de nuestro pecho jadeante, el voto de los venezolanos es corazón de esperanzas entre los dedos que apuntarán las elecciones.

Se ha hablado tanto de Venezuela y se ha dicho tan poco. De su solidaridad inmensa, de sentirla, de juzgarla, de contar sus cicatrices, de palpar las injusticias en su contra. Se ha hablado tanto de Venezuela, han sido tantos tus críticos… sus detractores, que por doler nos duelen las calumnias, los el petróleo robado, las penalidades de la clase trabajadora y la injusticia económica, política y social… nos duele Venezuela en todo el mundo… pero nos alegra en ella la humanidad entera que cuenta ahora con las elecciones como guía.

El voto es un frente mundial de centenares de millones de hombres rumbo al socialismo en serio. Científico pues. Ese voto en Venezuela cuenta con nuestras voces que por todas partes anhelan decir a cada venezolano cuánto importa que triunfe nuevamente su Revolución en las urnas, en las fábricas recuperadas, en las tierras reapropiadas, en sus debates y en sus escuelas… Ese voto es una táctica y estrategia dialéctica con el programa de transición hacia el socialismo. Coro mundial los sueños venezolanos y de todos.

Votos frente al peligro, votos cada vez más reales, indicios que ensanchan todas nuestras especulaciones sobre una vida digna. Voto que termine con cualquier reflexión peregrina y sea nata pura revolucionaria quintaesencia… leche de la lucha. Voto lácteo e innumerable, vía láctea, vía madre. Es hora de aunar los dictámenes de la revolución a los del voto. Ninguna acción individual o colectiva, sobre todo revolucionaria, puede prescindir de cualquier herramienta que enriquezca a la revolución misma.

A estas horas sabemos que el voto se ejercerá como un relámpago; conjugará los aspectos más urgentes de nuestra realidad mundial y será una concreción de peldaño, un salto adelante, un descorrer las cortinas para que entre el sol de un día nuevo. La revolución necesita tiempo. Hay que salir a las calles y vivir la transparencia de las elecciones venezolanas, vivir esa casa de cristal que son sus calles enfiestadas de revolución y virtud socialista, salir a las calles nítidas y contagiosas con su ebriedad de triunfos y futuro, su exhibicionismo de fraternidad. Bailar ese estremecimiento de calidez caribe y oleaje profundo. Salir a las calles a olfatear los votos, salir a leerlos en los asuntos íntimos de la existencia que pasa revista a sus tareas de construcción colectiva. Votos que andan ya sobrevolando Venezuela como pájaros que buscan nido en la primavera de la voluntad, en los solsticios del socialismo… nuestro y de ellos. Todo el tiempo. Manos fuera de Venezuela.

1 http://venezuela.elmilitante.org/index.asp?id=muestra&id_art=2048

Tomado de Rebelión
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76391