Archivo de la categoría: terrorismo de Estado

Identificaron los restos de un diplomático cubano

Por Victoria Ginzberg

…desaparecido en agosto de 1976, en un barril de metal lleno de cemento

Homenaje a Crescencio Nicomedes Galañena Hernández
y a Jesús Cejas Arias, desaparecidos en 1976.
Imagen: Bernardino Avila

Crescencio Nicomedes Galañena Hernández fue una de las víctimas del terrorismo de Estado. Se comprobó que estuvo secuestrado en Orletti junto a otro funcionario de la embajada. Sus restos fueron hallados por un grupo de chicos 36 años después.

El 11 de junio pasado, un grupo de chicos que cazaba cuises y ratones en un predio ubicado frente al aeródromo de San Fernando reparó en un barril de metal oxidado con capacidad para 200 litros. Estaba roto. Los chicos vieron huesos y llamaron al 911. La policía descubrió luego otros dos toneles similares que también tenían restos óseos. Después de analizarlos, se estableció que uno de los cuerpos pertenece a Crescencio Nicomedes Galañena Hernández, un diplomático cubano desaparecido el 9 de agosto de 1976.

El caso lo condujo el fiscal de San Isidro Luis Angelini, a cargo del área ejecutiva de investigaciones criminales de San Fernando. El funcionario judicial dio intervención al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Según confirmaron a Página/12 fuentes judiciales, la pericia realizada por ese organismo –cuyos integrantes no quisieron ayer hacer declaraciones– indicó que el cuerpo era con el 99,99 por ciento de probabilidades del diplomático cubano. El expediente pasará ahora al juzgado de Daniel Rafecas, quien tiene a su cargo la causa por los delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino Automotores Orletti, donde fue visto por última vez Galañena Hernández. Será la Justicia Federal la encargada de certificar la identificación.

Galañena Hernández fue secuestrado junto a Jesús Cejas Arias el 9 de agosto de 1976, en el barrio de Belgrano. Acababan de salir de la embajada cubana, donde trabajaban. Cuatro días después, el 13 de agosto, La Opinión publicó que “la embajada cubana en Buenos Aires está trabajando en estrecho contacto con el gobierno argentino en la búsqueda de dos miembros de la representación, acerca de quienes se presume que habrían sido secuestrados. Los dos hombres, Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández, integrantes ambos del personal administrativo de la embajada cubana, no han sido vistos desde que salieron de la embajada el lunes”. El 17 de agosto, en el mismo diario, se informó que “La agencia de noticias Associated Press recibió ayer un sobre, por correo simple y con estampilla argentina, conteniendo las credenciales de los empleados administrativos de la embajada de Cuba, cuyo texto en letra manuscrita y despareja dice: ‘Nosotros (Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena) ambos cubanos nos dirigimos a usted para que por este medio comunicar que hemos desertado de la embajada para gozar de la libertad del mundo occidental’, la nota no lleva firma al pie ni ninguna otra aclaración. La Cancillería argentina certificó la autenticidad de la credenciales”. De esta forma la dictadura argentina montó un operativo para hacer creer que los dos hombres habían abandonado el régimen cubano y no tener que dar explicaciones por la desaparición de dos diplomáticos.

Pero Cejas Arias y Galañena Hernández estaban cautivos en Automotores Orletti, el centro clandestino que fue en Buenos Aires sede del Plan Cóndor, es decir, de la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur. Según una investigación del periodista norteamericano John Dinges, el agente de la CIA Michael Townley y el cubano-estadounidense Guillermo Novo Sampoll habrían viajado a la Argentina para interrogar a Cejas Arias y Galañena Hernández. “Ellos cooperaron en la tortura y el asesinato de los dos diplomáticos cubanos”, habría declarado ante la jueza María Servini de Cubría el represor Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe de la DINA, la policía secreta pinochetista. Townley fue el autor del asesinato en 1976 en Washington de Orlado Letelier, canciller de Salvador Allende.

“El inmueble donde funcionó Automotores Orletti –describió el juez Rafecas cuando procesó a los represores que actuaron en ese centro clandestino– era uno más de una larga hilera de casas bajas, en una típica calle, de un típico barrio de la zona oeste capitalina, como era el de Flores (…) Orletti muestra a las claras que el terrorismo de Estado en la Argentina de 1976 pudo moverse con naturalidad también en espacios de normalidad –y no de excepción– que no debió enfatizar el secreto sino que actuó a la vista de quien quiera ver y escuchar; que se adaptó para funcionar en un espacio donde antes había un hogar y un taller, y que a su término, aquel hogar y aquel taller regresaron, se acondicionaron y hasta aprovecharon las mejoras efectuadas por los ocupantes anteriores.”

Los sobrevivientes relataron que las víctimas generalmente estaban en la planta inferior o garaje, donde los mantenían tabicados y atados. Allí se escuchaban gritos de la planta superior, donde funcionaba el cuarto de tortura. Uno de los métodos crueles utilizados por los represores del centro regenteado por la SIDE consistía en que los secuestrados eran esposados y colgados de un gancho hasta que los pies quedaban a unos 20 o 30 centímetros del piso y en ese estado se les aplicaba electricidad en el cuerpo.

Por el secuestro y la desaparición de Galañena Hernández y Cejas Arias ya fueron condenados en Argentina el general retirado Rodolfo Cabanillas, quien se desempeñó como jefe de la División de la SIDE “Operaciones Tácticas 18” (que correspondía a Orletti) y los represores Raúl Guglielminetti, Eduardo Alfredo Ruffo y Honorio Carlos Martínez Ruiz.

No es la primera vez que se encuentran víctimas que pasaron por Orletti, en barriles. En 1976 fueron hallados siete recipientes de este mismo tipo en el canal de San Fernando que contenían cadáveres y cemento. Los cuerpos fueron enterrados como NN en el cementerio de San Fernando y pudieron ser identificados tiempo después. En 1989 se supo que uno de ellos era Marcelo Gelman, hijo del poeta Juan Gelman.

Los tres tambores encontrados en junio, hace menos de dos meses, también se hallaron en un predio de San Fernando, en donde se estaban realizando trabajos de movimiento de tierra para, aparentemente, construir viviendas y donde antes había una tosquera. Estaban numerados y rellenos de concreto. Allí se mantuvieron los restos de Galañena Hernández hasta que el grupo de niños que cazaba vio los huesos. El fiscal Luis Angelini ordenó que la Superintendencia de la Policía Científica realice una búsqueda intensiva para determinar si hay más barriles en el predio y también que se analicen los encontrados con el fin de determinar si estuvieron en ese sitio durante 36 años o fueron recientemente depositados allí.

Rafecas había señalado en su resolución, al hacer alusión a los barriles hallados en 1976: “El proceso de la deshumanización, que comenzaba con la captura y continuaba en el campo de detención y tortura, tuvo en estos casos un final que difícilmente pueda ser superado desde la perspectiva de la eliminación de todo vestigio de condición humana para con los cautivos: hay que caer en la cuenta de que personas con las que compartimos una misma cultura, una misma civilización, ejecutaron de un disparo en la cabeza a hombres y mujeres que estaban a su merced; luego se procuraron tambores, arena y cemento; luego, no sin esfuerzo, y seguramente de propia mano, colocaron los cadáveres en los tambores, los rellenaron, los sellaron, llevaron con sus brazos la carga de restos humanos hasta los camiones y finalmente arrojaron los tambores al río”.

Colombia Empalada: Feminicidio y terror de Estado

Por José Antonio Gutiérrez D.

 

El brutal asesinato, tortura y violación de Rosa Elvira Cely, en pleno Parque Nacional de Bogotá, ha causado una justa ola de indignación en todo el país. Al grito de “¡Ni una Rosa más!” miles de bogotanos se reunieron el 3 de Junio en el lugar del macabro crimen a rendir sentido tributo a esta víctima y a protestar vehemente contra la violencia contra la mujer.

En este espacio no quiero extenderme demasiado sobre este crimen en particular, que lamentablemente, es uno más entre miles de abusos y feminicidios que ocurren cotidianamente en Colombia. Ni quiero tampoco referirme a las múltiples negligencias que contribuyeron, en algún grado, al desenlace fatal de esta historia (una respuesta inadecuada de la policía a los llamados de auxilio, negligencia en su atención médica, que no se atendieran sus heridas de puñal que fueron las que finalmente le ocasionaron la muerte, etc.). Sobre lo que quiero llamar la atención es sobre la hipocresía de los medios y las élites colombianas que hoy se horrorizan ante el cadáver de Rosa Elvira Cely, pero que sistemáticamente han hecho la vista gorda ante los crímenes del paramilitarismo, que son calco y copia del empalamiento de Rosa Elvira Cely.

La práctica del empalamiento, es decir, la penetración forzosa por el ano o la vagina de la víctima con un palo que le perfora los órganos internos, a veces saliendo por la boca, no es un acto sádico novedoso. Es una práctica que, de hecho, se ha aplicado en Colombia desde los inicios de la violencia conservadora a mediados de los ‘40, en innumerables veredas y zonas rurales, donde las cuadrillas de chulavitas, pájaros o paramilitares (como se les ha llamado en diferentes épocas y regiones a los ejércitos privados al servicio de terratenientes y caciques políticos del establecimiento) se han desplazado aterrorizando a la población, utilizando a la violencia sexual como una forma de amedrentamiento y control. El empalamiento, así como otras formas de agresión sádica hacia la mujer (cercenar los senos, extraer el feto del vientre de las embarazadas, por ejemplo), demuestran la notable continuidad entre la violencia “chulavita” de los ‘40 y la violencia “paraca” de los ‘90 hasta ahora. La agresión hacia la mujer, y hacia las niñas, es vista en la lógica paramilitar como una manera de humillar y proyectar el control total, patriarcal-machista-violento, sobre comunidades que consideran hostiles a su proyecto de “Estado comunitario” o aliadas de la “subversión”. En palabras de la investigadora Donny Meertens, la violencia sexual “no es tolerada como un acto de perversión individual, sino que ha sido permitida como una práctica sistemática de guerra, aplicable solamente a comunidades específicas”  [1].

Volviendo al empalamiento, abundan los casos de mujeres que, por haber sido señaladas de ser amantes de un guerrillero, se les violó, asesinó y, en muchos casos, empaló. El empalamiento, por citar un ejemplo, fue utilizado en la masacre del Salado, en los Montes de María, en el 2000: al menos una víctima, Neivis Arrieta, de 18 años, fue empalada al ser acusada de amante de un guerrillero de las FARC-EP  [2]. Según Olga Amparo Sánchez, de la Casa de la Mujer, en Tumaco hoy en día se está utilizando el empalamiento como una práctica sistemática por parte de paramilitares y lo mismo ocurre en muchas otras regiones del país  [3]. También los paramilitares han torturado con el empalamiento a homosexuales en sus áreas de control y en sus campañas de “limpieza social”  [4].

Los medios colombianos, que hoy se rasgan los vestidos con el horror del empalamiento de Cely, jamás se escandalizaron demasiado cuando estas prácticas eran llevadas a efecto por los paramilitares en “zonas rojas”, frecuentemente de la mano de la fuerza pública. Los medios, que estaban al tanto de todo cuanto ha ocurrido en las zonas rurales de Colombia desde los inicios de la ofensiva paramilitar de los ‘80, jamás informaron con lujo de detalle, como sí hicieron con el caso de Cely, de las atrocidades cometidas por el binomio paramilitarismo-ejército [5]. Curiosamente, nos hemos tenido que enterar del real calibre de esta barbarie a través de los informes de organizaciones de Derechos Humanos o mediante páginas especializadas en el conflicto, como Verdad Abierta, o a través del trabajo de periodistas extranjeros, como el ahora célebre Roméo Langlois. Los periodistas colombianos, salvo muy honrosas excepciones -Hollman Morris a la cabeza de ellos-, han optado por no investigar sobre estos temas, sea por mediocridad, pereza, por miedo, autocensura, lambonería o complicidad.

Y digo complicidad, porque los grupos económicos que manejan los medios en Colombia tienen plena identidad de intereses con los sectores económicos colombianos que han financiado, armado y estimulado al paramilitarismo (extractivos, mafiosos, ganaderos, terratenientes, multinacionales, etc.). Todos al final son la misma rosca. Los medios masivos colombianos, a lo más, lamentaron los “excesos” del paramilitarismo, siempre excusándolo al decir que era una respuesta “exagerada” a la “amenaza guerrillera” –poniendo, de esta manera, la historia colombiana de cabeza y distorsionando los eventos [6]. En casos de excepcional honestidad, hasta han llegado a aplaudir abiertamente al paramilitarismo [7]. Los crímenes paramilitares han sido silenciados, trivializados, mistificados, ocultados, ignorados, excusados, cuando no aplaudidos, en los medios, los que han ayudado, de esta manera, a hacer más espesa la “noche y la niebla” al amparo de la cual actúa el paramilitarismo [8].

De Javier Velasco, el único detenido hasta el momento en relación al asesinato, se ha dicho apenas que era un “delincuente común” [9]. Pero la práctica del empalamiento no es una forma cualquiera de sadismo, sino que está estrictamente asociada a la figura del paramilitarismo en Colombia. Es una tortura normada, pautada, ritualizada y aprendida. No me cabe ninguna duda que el asesino de Rosa Elvira Cely alguna relación ha tenido con el paramilitarismo y con las bandas de “limpieza social”, los ejércitos privados que la derecha tiene a su disposición para destruir tejido social, imponer su control absoluto, imponer su visión retrógrada y conservadora del mundo [10] y para hacer el trabajo sucio que no siempre puede hacer el ejército abiertamente. Y no me cabe ninguna duda que este muy posible vínculo no será investigado, ni estudiado, porque jamás los medios colombianos ni los grupos de interés detrás de ellos, les ha interesado generar verdadero rechazo al paramilitarismo en la opinión pública [11]. Les basta con tomar un tibio distanciamiento público, condenar sus “excesos”, la muerte de “inocentes” (daños colaterales), mientras reproducen el discurso del “mal necesario”.

La bestialidad de este crimen merece la justa indignación de toda persona que tenga un poco de corazón: Todos somos Rosa Elvira Cely, todos debemos repudiar enérgicamente este crimen. Pero los medios -y las élites que los controlan- ponen el grito en el cielo no ante el crimen en sí, sino ante el hecho de que el empalamiento se da por fuera del espacio en el cual es “natural” que se diera: el marco del conflicto armado. Ponen el grito de espanto porque la víctima no era ni un “marica” víctima de la limpieza social, ni una “zorra malparida” que se acostaba con un guerrillero. Porque el empalamiento ocurrió en el Parque Nacional y no en una “zona roja”, en un municipio apartado en medio de la nada o en un barrio paupérrimo. Porque esta bestialidad se realizó, en palabras de Meertens, fuera de la “comunidad específica” a la que normalmente se victimiza de esta manera ante el silencio cómplice de los medios y la mirada indiferente o de aprobación incluso, de las élites que se siguen enriqueciendo con la guerra y su lógica de apropiación de riquezas mediante el despojo violento, el control de comunidades y territorios. Por eso se horrorizaron tanto, pero esas mismas élites son las que siguen creando los “Javier Velascos” que empalan, violan, descuartizan, las que siguen apoyando y formando sus ejércitos mercenarios, las que siguen haciendo de la muerte una de las industrias más prósperas en la lacerada tierra colombiana. Esto no lo olvidemos ni por un minuto.

7 de Junio, 2012

NOTAS:

[1] “Victims and Survivors of War in Colombia –Three Views of Gender Relations” en “Violence in Colombia 1990-2000”, Ed. Charles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez, SR Books, 2001, p.154. La autora se refiere al contexto de la “Violencia” de las décadas de 1940-1950, pero consideramos que esta conclusión es igualmente válida para la campaña paramilitar de la década de los ’80 hasta el presente.

[2] http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-6083807

[3] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/06/120603_colombia_violacion_rosa_cely_violencia_mujer_protesta_aw.shtml

[4] http://www.semana.com/especiales/oficio-matar/108229-3.aspx

[5] El binomio paramilitarismo-ejército es, según informes de Medicina Legal, responsable del 78% de los crímenes sexuales cometidos en el marco del conflicto armado –de los cuales, el 63% sería responsabilidad directa del ejército. Este elevado número nos habla de una práctica sistemática y recurrente. Ver las memorias del foro “¿Para qué una política criminal sobre violencia sexual en Colombia?” (Noviembre 2011), p.6 http://www.sismamujer.org/sites/default/files/publicaciones/Memorias%20en%20pdf%20del%20foro%20%C2%BFpara%20qu%C3%A9%20una%20pol%C3%ADtica%20criminal%20sobre%20violencia%20sexual%20en%20Colombia.pdf

Aún así, es importante tener en cuenta que estas cifras oficiales son, con toda certeza, una subvaloración de la estadística real, sea por la tendencia a disminuir los abusos de la fuerza pública y exagerar los de la insurgencia (algo común en la mayoría de las estadísticas oficiales), sea por el bajo nivel de la denuncia: según un informe de la Defensoría del Pueblo del 2008, el 81,7% de las personas desplazadas que sufrieron abuso sexual no presentaron ninguna denuncia. Estas cifras son consistentes con un estudio independiente, realizado el 2012 por Oxfam y la Casa de la Mujer en una muestra representativa de mujeres, en la cual el 82% de las que reconoció haber sido víctima de violencia sexual no presentó ninguna forma de denuncia (Ibid). Según otro informe, sobre la violencia sexual en el departamento del Magdalena y en los Montes de María, se llega a la conclusión que “Los militares son de lejos los principales responsables de ese delito, que cometían “en contextos estratégicos” de su conquista territorial y también de manera “oportunista” para conseguir “satisfacción sexual”, pues el “desprecio hacia las mujeres” inculcado en sus filas (…) marcó esa conducta.” http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-311782-paramilitares-usaron-violencia-sexual-arma-de-conquista-colombia

[6] En realidad, las guerrillas se forman hacia fines de los ‘40 como respuesta (como grupos de autodefensa) por los desmanes y atropellos de las escuadras conservadoras (antecesores de los modernos paramilitares) en el campo colombiano.

[7] Ver la editorial de El Tiempo del 30 de Julio de 1987.

[8] Como prueba de ello, esta semana hubo una masacre paramilitar de 5 personas en el municipio de Remedios (Antioquia), la cual apenas fue “cubierta” con una escuálida nota de 120 míseras palabras (3 de Junio). Esto no fue una masacre, sino que un “ataque”, perpetrado no por “terroristas” sino que por “desconocidos”. El medio informa de que en la zona operan paramilitares y guerrilleros, dejando un manto de duda sobre la autoría de la masacre, aún cuando todo el mundo sabe que fue un ataque de los paramilitares: la masacre, de hecho, se realizó en un local comunitario, centros sociales que frecuentemente son blancos de la actividad paramilitar que se especializa en atacar toda forma de organización popular. El Espectador no se atreve a denunciar al paramilitarismo, sino que las aciones paramilitares siempre son perpetradas por “desconocidos” –esto no es sino una manera de tejer el manto de “noche y niebla” con la que operan estos ejércitos mercenarios de la derecha política. Contrasta esta nota marcadamente con la cobertura que reciben las acciones insurgentes en este mismo medio.

http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-350657-cinco-muertos-y-tres-heridos-ataque-remedios-antioquia

[9] http://www.semana.com/nacion/muerte-rosa-elvira-cely-crimen-abominable/178184-3.aspx

[10] Sicarios y descuartizadores suelen cargar rosarios y llevar siempre una oración a flor de labios

[11] Prueba de ello es la distancia y ambigüedad con la que han asumido los llamados a jornadas nacionales de protesta contra el paramilitarismo (como la del 6 de Marzo del 2008), que contrasta con el entusiasmo que demuestran cada vez que hay algún pronunciamiento contra la insurgencia.

Recibido por correo electrónico

 

Le recomendamos además:

Colombia: feminicidio invisible / Noemí García Cabezas
http://aliciaguevaraenelmundo.blogspot.com/2012/06/colombia-feminicidio-invisible.html

Carta Mundial de repudio por el brutal asesinato de Rosa Elvira Cely y miles de mujeres más en nuestra América Latina
http://antropologiadegenero.com/?p=4422

Nuevamente se me prohíbe subir a un avión… ¿Y la soberanía de España?

Verdaderamente, el cinismo y la prepotencia imperial, no tienen coto… por segunda vez a un periodista (por cierto, al buscarlo en google, su nombre aparece una vez solo y en segundo lugar con el agregado de la palabra “farc”…) cuya única “peligrosidad” es estar al lado de la verdad y la justicia, se le prohibe ¡¡sobrevolar!! el territorio yanqui!!  No ya desembarcar si no simplemente sobrevolar el sagrado “paraíso”… mientras cobijan y aúpan a un verdadero terrorista: Posada Carriles

 

Nuevamente se me prohíbe subir a un avión… ¿Y la soberanía de España?
Por Hernando Calvo Ospina*

El domingo 6 de mayo pasado, al registrarme en el aeropuerto de Paris me dijeron que había un problema informático con el vuelo de Air Europa, que cubría Madrid-La Habana. Por tanto, apenas llegara a la capital española se me entregaría la tarjeta para abordar.

Llegué al aeropuerto de Madrid, Terminal 3. Fui al punto de información de Air Europa. Ahí, después de una llamada, me dijeron que debía ir hasta la Terminal 1, donde me darían la tarjeta. Caminé hasta allá. Me presenté a una taquilla. Me enviaron donde una joven, la cual realizó dos llamadas. Faltaban 40 minutos para las tres de la tarde. El mismo tiempo para que el avión partiera. Al insistirle a la mujer por mi tarjeta de embarque, me dijo que yo debía “esperar a la persona de la embajada”. Extrañado, le pregunté que cuál persona, de qué embajada. Sin mirarme y sin amabilidad, me repitió que debía esperar “a la persona de la embajada”. Esperé.

Al fin la vi llegar con un hombre alto, de lentes, un poco grueso, trigueño, con más de cincuenta años. Me dijo, él, en voz baja, que le permitiera el pasaporte. Al creerlo parte de Air Europa se lo entregué. Pero inmediatamente noté que tenía acento latino, y le pregunté: “¿quién es usted? ¿Se puede identificar?”. Me mostró rápidamente un carnet que llevaba agarrado en la cintura, pero que una especie de chaqueta escondía. El nombre que me dio era castellano. “Soy de la embajada de Estados Unidos de América”, me precisó.

Sorprendido ante esa frase, le dije que me devolviera mi documento porque él no tenía ese derecho estando en España. Con una voz calmada, me pidió el favor de no discutirle, o hacerle un escándalo porque yo podía crearme un problema innecesario. La mujer de Air Europa se había retirado desde un comienzo.

Sabiendo en qué arena me estaba moviendo, lo dejé ver y re-ver mi pasaporte. Se hizo aparte, llamó y, en inglés, dio mis datos. Luego, amablemente, me llamó para preguntarme en donde estaba mi pasaporte colombiano. Le respondí que hacía 30 años no viajaba con un documento de mi país de origen. Y que si ese documento que tenía en sus manos era francés, era porque Francia me lo había otorgado. Seguidamente quiso saber cuántos años tenía de casado, el nombre de mi esposa e hijos. Le contesté, con mucha cortesía, que él no tenía autoridad para que yo le respondiera eso. Que no se olvidara que él estaba en España. Y que lo mejor era que llamara a su embajada en París, donde sabían más de mi vida que yo mismo.

Después de hablar otros minutos más por teléfono, escribir algo en el mismo, y hacer anotaciones en un viejo cuaderno, vino hacia mí. Poniendo cara de apenado, me dijo que no podía irme en ese vuelo porque el avión sobrevolaría, por unos minutos, territorio estadounidense. Y yo estaba “en una lista de personas peligrosas para la seguridad de su país”. Sencillamente, y con una sonrisa, le agradecí la información y hasta la decisión. Aunque poco de novedosas tenían. (1)

Quise preguntarle por qué su gran imperio siente temor ante mí, un simple periodista y escritor, cuando ni una escopeta de caza sé manejar y le tengo temor al estallido de un “buscapiés”. Pero preferí volverlo a mirar a los ojos y seguir con mi sonrisa en los labios. ¡El no podía imaginar cómo su gobierno me hace sentir de importante!

Seguidamente, con gentileza, me preguntó si yo tenía una tarjeta de presentación para que se la diera. Le respondí que no tenía problema para ello, pues ya se la había entregado a colegas suyos en París. Y que, como esos colegas habían hecho, podía llamarme algún día para invitarme a tomar vino, y entre copas volverme a proponer de trabajar para su gobierno. “Me encanta conversar con ustedes. Aprendo mucho”, le dije antes de verlo partir como cualquier otro visitante de ese aeropuerto.

Después realicé los reclamos pertinentes a la empresa Air Europa, en particular para que se solucionara mi viaje a Cuba. Atónito, les escuché decir que era mi responsabilidad por ¡no saber el trayecto de ese vuelo! De nada sirvió decirles que en octubre 2011 no había tenido problema.

Uno de ellos me dijo, casi en confesión, que ese paso de “unos minutos” sobre el espacio estadounidense hacia Cuba, se había hecho por presión de Washington: así se obtenía la lista de pasajeros que iban a la Isla, en tiempo real.

Aunque traté de no demostrarlo, sentí rabia e impotencia. Más lo segundo. ¿Cómo era posible que un funcionario de la seguridad estadounidense pudiera pedirme el pasaporte, confiscármelo e interrogarme en pleno territorio español? ¿Quién le entregó ese derecho soberano? ¿Por qué no se envió a un aduanero o a un humilde agente de tránsito, pero de nacionalidad española?

Y, ¿por qué me dejaron ir hasta Madrid, cuando, muy seguramente, desde el momento que compré el pasaje, diez días antes, los servicios de seguridad de Estados Unidos y Francia supieron mi recorrido? Estoy casi convencido que ellos lo sabían: unos y otros me han dicho que mis teléfonos, computadoras y pasos, regularmente se escudriñan. Algunas veces lo he comprobado.

Durante el vuelo de regreso a Paris, pensé en mis tantas amistades españolas. Como son personas dignas, se asombrarán al saber de esto, pues no logran acostumbrarse a que la soberanía del país siga cayendo tan bajo.

Ah, y la única alternativa que me dejan para viajar a Cuba, desde Europa, es Cubana de Aviación. ¡Ahí tienen dignidad!

* Periodista y escritor colombiano residente en Francia. Colaborador de Le Monde Diplomatique.

Nota:

(1) “El día que Estados Unidos me prohibió sobrevolar su territorio”. http://hcalvospina.free.fr/spip.php…

Enviado por su autor

Fuente original http://hcalvospina.free.fr/spip.php?article384

Imagen agregada RCBáez sobre foto Virgilio PONCE

S.O.S: ¡Sindicalicidio! En Colombia son asesinados el 60% de los sindicalistas asesinados en el mundo

por APcrítico, Comunicado SINALCORTEROS

En Colombia son asesinados el 60% de los sindicalistas asesinados en el mundo, por una violencia sistemática del Estado colombiano

En vísperas del 1ro de mayo 2012 fue ASESINADO Daniel Aguirre, dirigente sindical de los corteros de caña de Colombia, país en el que son asesinados el 60% de los sindicalistas asesinados en el mundo.

  • La política de Terrorismo de Estado bajo Santos está arreciando ante la mirada impávida del mundo. Tras la desaparición de dos líderes comunitarios de la Marcha Patriótica y el asesinato en Bogotá de un miembro del Partido Comunista en el lapso de una semana, llega la noticia del asesinato de otro sindicalista colombiano.

En vísperas del 1ro de Mayo, tenemos que recordar, otra vez desde la sangre de un compañero asesinado, que Colombia es el país más peligroso del mundo para la actividad sindical, como lo expresa el departamento de DDHH de la CUT: En Colombia se cometen el 60% de los asesinatos de sindicalistas que se presentan en todo el mundo, por una violencia histórica, estructural, sistemática y selectiva que se convirtió en pauta de comportamiento del Estado colombiano: un genocidio contra el movimiento sindical colombiano.” [1]

Bajo el gobierno de Santos ya han sido asesinados 61 sindicalistas. Al parecer las herramientas paramilitares cuyo mandato es el exterminio sindical y de la oposición política en Colombia, decidieron marcar otro 1ro de Mayo con sangre de los trabajadores colombianos, en lo que constituye un genocidio que no cesa. En su informe de febrero 2012, la CUT denuncia:“las estadísticas no dejan de agregar muertos al triste y deshonroso récord que ocupa el país en la materia de más de 3.000 asesinatos de sindicalistas desde la creación de la CUT en el año 1986.” [2]

Notas de la introducción:

[1]  informe de de la CUT, 2011: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=120921

[2] CUT 2012 http://cut.org.co/pdf/subdirectivas/valle/reaccionessindsuizos2012/informeddhh.pdf

 

A continuación la totalidad del comunicado emitido  por el SINDICATO NACIONAL DE CORTEROS DE CAÑA, 28/04/12

‘Repudiamos asesinato de nuestro Secretario General, Daniel Aguirre’

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148810&titular=cae-asesinado-daniel-aguirre-secretario-general-del-sindicato-de-corteros-de-ca%F1a-

 

SINALCORTEROS: “El asesinato de Daniel se da en el contexto de intolerancia y violencia generalizada que azotan al país, en el que se destaca el desconocimiento de los derechos laborales y las libertades sindicales, el constreñimiento a los sindicatos que luchan contra una legislación interna que contraviene la normatividad de la OIT, hechos que contribuyen a hacer de nuestro país el más peligroso para la lucha democrática de los trabajadores y el más rentable para los negocios del capital financiero y las multinacionales.”

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Recomendamos esta investigación de Renan Vega Cantor sobre el sindicalicidio en Colombia, que escrita con ironía, no deja de ser un testimonio documentado de un genocidio contínuo, perpetrado por la herramienta paramilitar y las herramientas oficiales del estado, ante los ojos impávidos del mundo:

¡Sindicalicidio! Un cuento (poco imaginativo de Terrorismo Laboral)

 

El gobierno nacional está promoviendo la candidatura del vicepresidente de la República, Angelino Garzón, para convertirse en Director Ejecutivo de la OIT, porque tiene la firme convicción que en el terreno sindical el Estado colombiano cuenta con meritos suficientes para ocupar este honroso cargo. Este memorando quiere mostrar con detalle los indudables aportes que podemos hacer al capitalismo mundial en su propósito de mantener unas condiciones indignas para los trabajadores y difundir y aplicar por el mundo entero lo que podemos llamar sin exageraciones, ni falsas modestias, nuestro Good Will, buen nombre, merecidamente ganado y nuestro Know-how, experiencia criminal en la sistemática persecución sindical, destrucción de organizaciones de trabajadores y, sobretodo, asesinato de sindicalistas. (…)

 

Renán Vega Cantor Profesor Titular Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá,  Febrero 25 de 2012

‘Sindicalicidio’ informe por Renán Vega Cantor, 2012,  lea aquí:

http://www.rebelion.org/docs/147552.pdf

http://www.es.lapluma.net/images/stories/documents_periodicos_app/147552.pdf

 

TABLA DE CONTENIDO de ‘Sindicalicidio’

PRIMERA PARTE: UN BREVE RECUENTO HISTÓRICO DE NUESTROS CRIMENES LABORALES

1. Expulsión de guaches y artesanos de Bogotá, en 1854

2. Masacre de artesanos en Bogotá, enero de 1893

3. Masacre de artesanos del Partido Obrero, julio de 1911

4. Masacre artesanal del 16 de marzo de 1919

5. La masacre de las bananeras, diciembre de 1928

6. Masacre de obreros del cemento en Santa Bárbara (Antioquia), febrero de 1963

7. El Paro cívico nacional de septiembre de 1977

 

SEGUNDA PARTE: NUESTRAS FORTALEZAS ACTUALES EN MATERIA DE DESTRUCCION DE SINDICATOS Y PERSECUCION A LOS TRABAJADORES

1. Flexibilización laboral

2. Argucias judiciales

3. Apoyo irrestricto a empresas multinacionales que persiguen y matan sindicalistas

4. Privatización y liquidación de las empresas públicas y destrucción de sus sindicatos

5. Contrarreformas laborales y ventajas para los empresarios

6. Paralelismo sindical

7. Anticomunismo visceral y criminalización de los sindicalistas

8. Masacres laborales A. Masacres clásicas B. Los nuevos tipos de masacres laborales

9. Asesinato de sindicalistas

A. Algunos ejemplos ilustrativos a). La red de inteligencia 07 de la armada y el asesinato de sindicalistas en Barrancabermeja, 1991-1993 b). Paro nacional de trabajadores del Estado, octubre de 1998 c). Sindicalistas asesinados en Arauca son presentados como guerrilleros, agosto de 2004 d). El Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y su “lista negra” de sindicalistas

B. El negacionismo de la violencia antisindical: una breve reflexión bibliográfica

10. El modelo de sindicalismo que queremos A modo de conclusión

 

TERCERA PARTE: NUESTRO CANDIDATO: PERFIL, COMPETENCIAS Y PROGRAMA

1. Perfil 2. Competencias de nuestro candidato

3. Nuestro objetivo prioritario

4. Programa a aplicar en la dirección de la OIT

A. Programa específico a) Desempleo

B. Otros aspectos de su programa, o el buen humor de Angelino 5. Quienes se beneficiarían con la posible elección de Angelino 6. El apoyo de la comunidad internacional a Angelino

 

Epilogo
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Más información sobre la arremetida contra el sindicalismo en Colombia:

Enero 2012, entrevista a Alberto Vanegas, de la CUT: “Colombia es el país más peligroso para el ejercicio sindical. Pero también lo es para los líderes desplazados que exigen restitución de tierras, para defensores de derechos humanos y los líderes estudiantiles. Persisten las masacres, el año anterior se aumentó el 30% la incidencia de masacres en Colombia”.

http://www.anthoc.org/index.php?option=com_content&view=article&id=3700&catid=6&Itemid=21

VIDEO Asesinatos de sindicalistas en Colombia, Contravía:

http://www.youtube.com/watch?v=g8HlfWQM1fw

Informe PNUD 2011- 2012 : 2.800 sindicalistas han sido asesinados desde 1984 en Colombia, la Escuela Sindical Mundial advierte que esta cifra ya escalofriante estaría incluso sub-evaluada, y presenta otros datos.

http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article34980

Hoja de ruta de asesinatos, gobierno Santos: ’1 activista asesinado cada 3 días, los hechos pesan más que las palabras’ lista compilada por Justice For Colombia:

http://www.justiceforcolombia.org/downloads/killing-sheet-June-2011.pdf

Encuentro Nacional del Departamento De Derechos Humanos de la CUT I Semestre de 2012:

http://www.cut.org.co/index.php?option=com_content&view=article&id=1457:encuentro-nacional-del-departamento-de-derechos-humanos-de-la-cut-i-semestre-de-2012&catid=48:departamento-derechos-humanos-y-solidaridad&Itemid=112

Workers Uniting rechaza asesinatos a sindicalistas colombianos
http://www.cut.org.co/index.php?option=com_content&view=article&id=1410:workers-uniting-rechaza-asesinatos-a-sindicalistas-colombianos&catid=48:departamento-derechos-humanos-y-solidaridad&Itemid=112

Favor publicar y difundir las imágenes en buen tamaño, también pueden ser impresas y expuestas en universidades, escuelas, sindicatos, asociaciones, su lugar de trabajo, etc… toda difusión es comunicación solidaria

Más información y más imágenes:

http://www.areitoimagen.blogspot.com/